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Sin promesas.

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Tardaron un par de días en retomar la comunicación habitual, la seducción virtual. Algo había pasado. Sabían haber cruzado una barrera prohibida, saltado del puente sin la seguridad del bungee. No habían esperado lo que encontraron en el fondo del acantilado. Volvieron a hablar, de a poco; se lo dijeron, tímidamente. Luego lo analizaron en frío como quien disecciona un cadáver. Noches después, volvió la fiebre. Én la calentura del toma y daca virtual, él propuso un nuevo encuentro. Misma esquina, mismo hotel. Repetir para aminorar la excitación. Esta vez, más relajados (sabían a qué se enfrentaban) no esperaron a llegar a la habitación. En la cochera del hotel, en el auto, ella manoteó su sexo y le bajó la bragueta. Su boca no se hizo esperar. Tampoco los dedos de él en su entrepierna. Ella se atragantó a propósito. Él hurgó en su vagina, rápidamente húmeda, sus dedos se deslizaron como si nada. Ella siguió atrapando su verga con esa boca que él había extrañado. La incom...

Una próxima vez.

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Ella no sabe cómo empezó todo, solo sabe que una fuerza desconocida la arrastró hasta aquel lugar, espera impaciente bajo el techo de la parada del colectivo porque casualmente la lluvia empezó a caer, lleva puesto un jean, una remera negra con el logo de Rolling stones, su campera favorita y sandalia en los pies que dejan ver sus uñas cuidadosamente arregladas para ese momento que sin entender bien porqué, espera. Levanta la vista como buscando a alguien y entonces escucha sonar el celular. “Estoy en frente en el auto blanco.” dice el mensaje.  Ella puede percibir cómo el flujo de su sangre pulsa en cada terminación nerviosa de su cuerpo por la tensión, respira profundo, y siente el estómago revuelto por los nervios. Apenas levanta la vista puede ver cruzando la calle aquel auto estacionado donde la espera él. -Hola.- Dice él con voz suave y una sonrisa nerviosa. Habían estado esperando ese momento y sus labios se unen ansiosos, aún no saben si tocarse parecen no creer que ...

La iluminación.

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 Yulia, estaba concentrada sumando y restando, necesitaba controlar los  gastos del mes que se le habían ido de las manos. En momentos como estos  rezongaba y pensaba que en su puesto en relaciones del trabajo era un poco mas  exitosa. Repentinamente, oyó una voz completamente familiar e inesperada.  -Fernando! Wow, Sos vos, estaaaaas, estás igual.- Dijo con alegría Yulia y lo  invito a sentarse en una de las mesas junto a la barra.  -¿Qué queres tomar?.  -Una cerveza, esta bien.  -Mecha, pasame una Stout -Ah, todavía te acordas mis gustos.  -Fernando, fuimos novios tanto tiempo. Es imposible no recordar los detalles.  -Cuando volví a Buenos Aires, fui a buscarte y tu vieja me dijo que mudaste  después que me fui. No me quiso decir donde, fue Marcela la que me lo contó.  -Entendela a Mamá, fue duro para ella verme triste.  -Me comento que vendiste el departamento a la semana de irme. ...

Bitácora zombie...

Mi nombre es Ariel Camila Guevara, tengo 23 años, mi nombre tiene un porque, mamá durante su embarazo veía la película de Disney, la sirenita. Le pareció un nombre más que interesante en caso de que fuese mujer, porque claro ella, pretendía gestar un varón. Mi mamá, la extraño. Pasaron 75 días desde la última vez que pude comunicarme con ella. Fue una tarde muy fría de julio, salí de mi trabajo y la llame mientras me dirigía a tomar el subte, me contó que había visto en las noticias que no muy lejos de donde estaba yo. Un hombre ataco a otro y lo mato a mordidas, recuerdo bien que sentí un súbito escalofrío y al instante sonreí “Un Apocalipsis zombie, como de los que Pablo, habla tanto.” “No te preocupes mamá, acá esta todo bien, pero si aparecen zombies les pego un fierrazo y te voy a rescatar, besos. Te amo.” Corte el teléfono y seguí esperando la llegada del tren, me encontraba en pleno regreso cuando al fondo del vagón se oyó claramente el grito desesperado de una mujer, que co...

Etapas.

Se rompe una relación. Reproches, improperios, mudanza, departamento nuevo, muchas lágrimas, amigas que te bancan, más lagrimas, despecho, ropa nueva, peinado nuevo y Leandro. Si, Leandro. Ese vecino que esta muy bueno, pero del que no te percatabas porque seguís llorando por los rincones. El que te saluda todos los días en el ascensor. Ese que te cruzas en el pasillo sin remera, descalzo y en joggineta con un abdomen hermosamente marcado. Acto seguido, te enteras que nadie es perfecto y si lo es, tiene novia. Entonces la conoces y la flaca es simpática, atenta y tiene el cuerpo de una supermodelo.  En consecuencia, te invitan a una cena donde te presentan a Juan, el amigo soltero de la pareja, que no te gusta, por qué claro te gusta Leandro. Te pasas toda la cena evitando el contacto con la mirada libidinosa de Juan que es agradable, usa palabras complejas porque es profesor de literatura y su vocabulario es amplio, cumplió 28 años hace 2 semanas, escribió  un libro que ...

Hermosas intimidades.

“Bien entonces en serio, como que si ya sabemos que no va a seguir siendo no. Para que acercarnos digo para que conocernos, para qué tenerte presente en situaciones que no debería, para qué compartir ciertas intimidades que a mí la verdad, me parecen hermosas si al final del día más allá de lo operativo me terminas marcando hasta donde si y hasta donde no” 

Esperando este momento...

Esa mañana desperté con una decisión tomada, sin pensar si era la correcta o no. En la mochila guarde lo mínimo indispensable, pensando en pasar el fin de semana largo en su casa. Me calcé el jean , las All Star negras, una remera gris gastada, el celular, lo auriculares y mis fieles anteojos de sol, esos anteojos que me hacían sentir invisible. “Estoy saliendo para tu depto, en 2 horas estoy ahí” Fue mi mensaje de texto. En mi mente rondaba la posibilidad de que mi intento fuera frustrado, lo que me llevo a un plan B. Tal vez recorrería la zona, me refugiaría en algún un bar, pediría un café y volvería a casa. Pero todo resulto mucho  mejor de lo que esperaba. Al bajar del colectivo, siempre tan distraída entre mis canciones favoritas del reproductor del celular, su mensaje de respuesta apareció, leyéndolo atónita mis latidos fueron aumentando letra tras letra, era la respuesta que  realmente quería leer. El venia por mi y ni los lentes podían esconder el br...