sábado, 1 de diciembre de 2012

Bitácora zombie...


Mi nombre es Ariel Camila Guevara, tengo 23 años, mi nombre tiene un porque, mamá durante su embarazo veía la película de Disney, la sirenita. Le pareció un nombre más que interesante en caso de que fuese mujer, porque claro ella, pretendía gestar un varón.
Mi mamá, la extraño. Pasaron 75 días desde la última vez que pude comunicarme con ella. Fue una tarde muy fría de julio, salí de mi trabajo y la llame mientras me dirigía a tomar el subte, me contó que había visto en las noticias que no muy lejos de donde estaba yo. Un hombre ataco a otro y lo mato a mordidas, recuerdo bien que sentí un súbito escalofrío y al instante sonreí “Un Apocalipsis zombie, como de los que Pablo, habla tanto.” “No te preocupes mamá, acá esta todo bien, pero si aparecen zombies les pego un fierrazo y te voy a rescatar, besos. Te amo.” Corte el teléfono y seguí esperando la llegada del tren, me encontraba en pleno regreso cuando al fondo del vagón se oyó claramente el grito desesperado de una mujer, que corriendo cayo muy cerca de mi.
-¿Hay algún medico en el vagón?
-Si! Bueno, no. Soy estudiante pero veamos que se puede hacer, vocifero un muchacho de no más de 24 años, lo recuerdo bien, porque era rubiecito, alto y tenia cara de intelectual, le tomo el pulso pero no percibió nada, intento auscultar los latidos pero eran cada vez mas lánguidos, opto por darle rcp pero no tuvo éxito.
-¿Que le pasa? Se escucho el murmullo, entonces el muchacho mirándome fijo y muy calmado dijo.
-Falleció. Semejante noticia dejo pasmados a todos los presentes, claro una muerte en directo no se ve todo los días aun que fue peor la situación que aconteció inmediatamente la mujer que yacía supuestamente muerta, salto sobre el potencial medico arrancándole de una mordida la garganta, la yugular quedo expuesta y los borbotones de sangre salpicaban por doquier. Solo atine a golpear con mi paraguas a la mujer e intentar cubrir la herida del muchacho. Los gritos y el descontrol en el vagón, parecían no finalizar, Gabriel, un compañero de trabajo del que no me había percatado, me asistió encerrando a la mujer, justo en ese espacio entre un vagón y el otro, la sangre seguía brotando y de pronto el silencio.
-No se mueve. Susurre. Gabriel se acerco, lo miro detenidamente.
-Tampoco respira… Mejor aleja… no termino de vocear Gabriel y el cadáver tomo vida súbitamente, como la mujer, intento mordernos. El hecho de que la luz se cortara y el tren se detuviese no hacia que el tumulto de humanos al rededor se calmara. Pero en una de esas maniobras de las que jamás te creerías capaz, Gabriel y yo, la empujamos por la ventana.
-Por favor mantengan la calman. Vocifero el aterrado maquinista, tenemos que encontrar la forma de salir y evitar la entrada de más de esas cosas…
Cientos de gritos desgarradores se oyeron en el túnel de los que intentaron salir. Gabriel y yo encontramos la forma de salir, evitando a los que habíamos decidido llamar zombies…
-Esto es the walking Dead, Negra.
-Tengo que llegar con mi mamá, estará asustada…
-Y yo, con mi mujer.  Las redes están caídas, no hay señal en el celular.  
Ambos intentábamos comunicarnos a casa, pero no teníamos suerte alguna, logramos llegar a la estación Congreso de Tucumán, Junto al anden varios de esos monstruos se comían apresuradamente a su victima, que aun estaba viva, vi sus ojos seguir nuestros pasos.
-Shhhh, no hagamos ruido o van a venir por nosotros. Murmuro Gabriel.
No pude quitar la mirada de tan horrible espectáculo, y así llegamos a la superficie… Desde entonces pasaron 75 días ahora todo es mucho mas caótico, las fuerzas armadas fueron devastadas, la gente solo intenta sobrevivir, y esos seres pululan sin rumbo por la calle. Por nuestra parte, Gabriel y yo logramos acoplarnos a un grupo de sobrevivientes, integrado por Juan  Chén, hijo del dueño de un supermercado chino, Marlene Acevedo una fanática del anime vestida como acostumbran en esa tribu urbana, los otaku, todavía no entiendo nada de eso.
Javier Di menico, un ingeniero en informática a quien según el, nadie espera en casa.
Santiago Rivas, policía de la metropolitana, con Gaby, lo llamamos Rick.
Maricel y Florencia Gonzáles, hermanas sobrevivientes de la masacre del hospital Fernández.
Ramón y su mujer, dos encantadores ancianos…  No parece existir chance de una cura, si encontras este cuaderno, sabrás que estuve acá.  Sobreviviendo, igual que seguramente vos lo intentas, todavía espero poder llegar mi mamá, Gaby a su señora así como el resto a sus seres queridos…  Te deseo la mejor de las suertes y no te dejes morder…
                              Ariel… 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Etapas.


Se rompe una relación. Reproches, improperios, mudanza, departamento nuevo, muchas lágrimas, amigas que te bancan, más lagrimas, despecho, ropa nueva, peinado nuevo y Leandro. Si, Leandro. Ese vecino que esta muy bueno, pero del que no te percatabas porque seguís llorando por los rincones. El que te saluda todos los días en el ascensor. Ese que te cruzas en el pasillo sin remera, descalzo y en joggineta con un abdomen hermosamente marcado.
Acto seguido, te enteras que nadie es perfecto y si lo es, tiene novia. Entonces la conoces y la flaca es simpática, atenta y tiene el cuerpo de una supermodelo.  En consecuencia, te invitan a una cena donde te presentan a Juan, el amigo soltero de la pareja, que no te gusta, por qué claro te gusta Leandro.
Te pasas toda la cena evitando el contacto con la mirada libidinosa de Juan que es agradable, usa palabras complejas porque es profesor de literatura y su vocabulario es amplio, cumplió 28 años hace 2 semanas, escribió  un libro que no fue best seller pero es conocido. Por sus amigos.
Seguís con la mirada en el plato “¿Por qué no seré invisible?” Pensas.
De imprevisto, Leandro te dirige la palabra y empezas a toser porque te ahogas con una arveja con la que  jugabas al menos hacía una hora porque te resulto más divertido que intentar relacionarte con Juan.
 Te pones roja sin saber si fue por vergüenza o por el ahogo, terminas siendo la anécdota de la noche.
Pasan los días, te seguís cruzando a Leandro que en el ascensor te comenta que Juan, sigue preguntando por vos. Sonreís, desvías la charla, bajas del ascensor y al llegar a tu departamento aprecias el vacío que solo se da cuando estás tan o más solo que Hitler el día del amigo.
Un día cuando tu estado de animo es el de una ameba al borde de la muerte te cruzas con la novia de Leandro, que te hace saber que ahora,es la ex, cargando con  los últimos detalles de una evidente separación. Ella supone que Leandro está interesado en otra persona, pero no le preocupa, siente que la relación ya no daba para más. No sabés si consolarla o felicitarla y lo primero que pensas es “Pobre Leandro, debe estar hecho mierda”.
 Pasa el día, volves de la calle exhausta, subís al ascensor te metes de lleno en la lectura de los apuntes de la facultad. Se vienen los finales y tu mente solo es caos. De pronto te percatas del llanto desconsolado de alguien en el pasillo. "¿Leandro?" Te sentas a su lado y comenzas lo que es una larga sesión de psicoanálisis, con respecto a su “yo interior”, el “por que ella se fue”¿ Cómo carajo terminas ahí? No lo sabés, la cuestión es que te sentís identificada, y una vez más caes en el desastre emocional. El insomnio es un gran aliado nunca te deja sola cuando te sentís realmente mal.
Meses después, todo parece estar bien para vos y para tu vecino que manifiesta haber superado exitosamente la separación o por lo menos eso te hace creer en las charlas del ascensor.
La rutina de cenar sola se te hace más fácil, aunque a veces extrañas charlar con alguien, pero para eso existe Internet ¿no?
Imprevistamente tu celular suena, hace tiempo que no sonaba, pero ese día suena, te encontras con el mensaje que habías esperado durante mucho tiempo, el mensaje de tu ex. Sudoración, palpitaciones, hiperventilación y finalmente la respuesta “Bueno, dale en el bar de siempre”
Si, en el fondo sabias que lo estabas esperando, porque cuando uno ama es un absurdo constante, tiene esperanzas vanas y pierde la dignidad con mayor facilidad.
Renovas tu vestuario, te pones ese vestido negro nuevo que compraste para alguna ocasión especial, esos zapatos con tacos muy altos que te hacen ver mas femenina, te perfumas, te maquillas, te olvidas por completo de las lagrimas que esa persona alguna vez te hizo derramar.
Salís, te olvidaste el celular y volves. Inmediatamente después de entrar al departamento suena el teléfono, es Leandro. Que te invita a cenar y si queres después a ir a bailar. Sonreís, coqueteas, aceptas.
“Pasame a buscar en una hora” estás lista, si. Pero hay que hacerse desear y entonces en tu vida una nueva etapa comienza.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Hermosas intimidades.


“Bien entonces en serio, como que si ya sabemos que no va a seguir siendo no. Para que acercarnos digo para que conocernos, para qué tenerte presente en situaciones que no debería, para qué compartir ciertas intimidades que a mí la verdad, me parecen hermosas si al final del día más allá de lo operativo me terminas marcando hasta donde si y hasta donde no” 

sábado, 16 de junio de 2012

Esperando este momento...


Esa mañana desperté con una decisión tomada, sin pensar si era la correcta o no.
En la mochila guarde lo mínimo indispensable, pensando en pasar el fin de semana largo en su casa.
Me calcé el jean , las All Star negras, una remera gris gastada, el celular, lo auriculares
y mis fieles anteojos de sol, esos anteojos que me hacían sentir invisible.
“Estoy saliendo para tu depto, en 2 horas estoy ahí” Fue mi mensaje de texto.
En mi mente rondaba la posibilidad de que mi intento fuera frustrado, lo que me llevo a un plan B.
Tal vez recorrería la zona, me refugiaría en algún un bar, pediría un café y volvería a casa. Pero todo resulto mucho mejor de lo que esperaba.
Al bajar del colectivo, siempre tan distraída entre mis canciones favoritas del reproductor del celular,
su mensaje de respuesta apareció, leyéndolo atónita mis latidos fueron aumentando letra tras letra, era la respuesta que realmente quería leer.El venia por mi y ni los lentes podían esconder el brillo de mis ojos.
Ensimismada entre la emoción y los nervios de mi impulso mas desmedido hasta ese día, 
mientras caminaba por las calles hacia el encuentro no logre esquivar a un hombre, al levantar la mirada, 
dispuesta a pedir disculpas, logre focalizar la estilizada imagen de un extraño hasta entonces.
Me encontré rodeaba con sus brazos que con fuerza me levantaron de la cintura, me quito los lentes con rapidez, luego de mirarnos fijo y Sin previo aviso nuestras bocas se enlazaron en un largo beso.
Un beso de esos tan esperados, en los que el mundo desaparece mientras las respiraciones se mezclan... entre su fina barba y mi piel perfumada, rogaba que ese beso no termine jamás. Pero termino
Alejamos nuestros cuerpos y volvimos a mirarnos fijo.
Sin mediar palabra agarro mi mano y me llevo hasta su auto, una vez en el reconocí su voz, esa que me hacia
Suspirar tras cada conversación por celular, esta vez esa voz con detalles me contaba todos los planes que tenia para nuestro fin de semana.
Me repetía sin cesar lo asombrado que estaba por la falta de escrúpulos que sentí al salir a buscar su cuerpo mientras un “no me conoces” revoloteaba por mi mente, me preguntaba ¿que tan bien en se sentirían sus manos en mi piel?…
No paso mucho tiempo para que lo comprobara, a medida que el ascensor se elevaba entre los pisos 
pude sentir sus manos escurrirse bajo mis jeans, su aliento recorrerme despacio el cuello. 
Era inevitable la sensación de humedad que me generaba tenia una forma de mirarme y hablarme que hacia que el cuerpo reaccionara por propia voluntad.
_ "Quiero poder apoyar mi boca entre tu ombligo y tu pelvis" Me susurro al oído. No pude contenerme y lo bese ansiosa.
El sabia muy bien lo que estaba lo que provocaba  en mí, con sus manos me estimulaba mientras usaba un tono de voz tranquilo, tanta seguridad de su parte me hacia sentir pequeña. 
Me desvistió mucho antes de llegar a su habitación, me recostó sobre la cama y sin emitir sonido puso sus dedos en mi boca, comenzó a recorrerme y con la yema de sus dedos hasta llego a mis pechos, el mínimo contacto humedeció mis pezones. Mi respiración cambio su ritmo y el sonrío al notarlo. 
Siguió recorriéndome, llevo sus manos a mi zonas mas intimas; Busco esa humedad que me generaba para subirla y lubricarme, el contacto de sus dedos con mi clítoris, provoco un primer espasmo. 
Volvió a sonreír, el realmente disfrutaba verme tan caliente lo que me producía mayor excitación.
-"Voy a hacer que acabes, al menos dos veces antes de cogerte" Me dijo al oído, abrió mi boca nuevamente y metió sus dedos, para hacerme sentir el sabor de mi cuerpo, con su lengua lamió muy despacio entre mi labio inferior y mis dientes como probándome.
Parecía conocer mis puntos débiles mejor que yo y los explotaba de forma tal que la humedad en mi continuara 
en aumento.
Esperaba que le ruegue que me penetre, volvió a sonreír y muy lentamente comenzó a invadirme, con sus manos presiono mi clítoris con suavidad, mientras su miembro entraba y salía de mi, cada movimiento era mas agresivo, el rocé de su cuerpo con el mío, su respiración acelerada, el sudor de su calentura, me excitaban el doble, no pude contenerme y mis gemidos se transformaron en gritos, en ruegos para que no se detuviera, de pronto me sentó sobre el, sin salirse de mi, me presiono contra su cuerpo, y con sus dedos exploro mi cola, una vez mas no pude evitarlo y bañe sus piernas con mis jugos.
Nuestras pieles sedientas de este encuentro se unieron con cada suspiro regalado al aire. 
Dedicamos la madrugada a conocer cada parte de nuestro cuerpo, recorriéndolo con caricias y besos. 
Sin darnos cuenta llego la mañana y nos escondimos de el sol tras la persiana, ninguno de los dos estaba preparado para separarse del otro. 
Cada movimiento era una nueva propuesta que nos llevaba a un inmenso placer desconocido hasta el momento.

El me pregunto -"¿Dónde has estado todo este tiempo? A lo que yo le respondí -"Esperando este momento".