martes, 21 de marzo de 2017

Corre, Amor.

Corre, ve y dile lo que sentiste conmigo.

Dile que aún siente el sabor de mis labios,
la humedad de mi lengua.

El roce de mi cabello a la altura de tu ombligo.

Ve y dile que tu cuerpo 
ha estado experimentando sensaciones
a las que estás dispuesto a renunciar por amor.

Ve amor y cuéntale, que sin embargo tu cuerpo
reacciona con solo pensarme.
y como el temor de perderla te alejó de mi.

Ve amor y cuéntale lo mucho que te asusta la intensidad 
que existe cuando nos vemos porque crees que
algo, No. Mejor dicho todo. Podria irse de tus manos
y ambos saldriamos heridos. 

Ve amor y cuéntale, además,que extrañas esos 
encuentros furtivos

en lugares lejanos, dónde todo lo que reprimías
con ella lo liberabas conmigo.

Pero por sobre todo, amor, no te olvides de recordarle que la amas,
como se ama a Dios. Sin esperar que te ame.

lunes, 6 de marzo de 2017

No.




“Todos los monstruos fueron el bebé de alguien”
Murmuraba  él por detrás de la puerta cada vez que pasaba, pero ella no inmutaba, había cosas muchos peores que dormir en un cuarto de 2 x 1 donde ni siquiera pudiese estirar las piernas, donde la comida era de perro y la cama el suelo duro. El mundo afuera era mucho peor que cuando el agua helada entraba por debajo de la puerta obligándola a intentar dormir de pie.
Durante semanas él cumplía religiosamente con sus torturas hasta que una mañana, sin más ni más y como un acto de misericordia la puerta se abrió
Por primera vez en semanas ella pudo ver  lo que parece una luz artificial colarse por las ventanas de un largo y frío pasillo, cuando uno frota sus ojos, intentando aliviar un malestar encontrado frente a ella esos profundos y oscuros ojos, en un rostro cubierto por una barba con hilos de plata y una sonrisa pícara.
-Estás rompiendo mi corazón y no estoy seguro de poder resistirlo. – dijo, con sus manos temblorosas, y sus ojos vidriosos, hacen que se vea como un niño indefenso..- Solo tienes que decir que si y todo estará bien para los dos. - dice con voz de angustiosa. En silencio, ella clava su mirada en él  y sin emitir una sola palabra vuelve a encerrarse en ese horrible cuarto.
La escena se repite todos los días a la misma hora.
-Dame una explicación que satisfaga mi necesidad. – Inquirió - Si aceptaras mi propuesta, no volverías a pasar por eso.- murmura sosteniéndole  con sus dedos el mentón.
-¿Cuántos años tienes? Olvidé tu edad. - murmura dándole la espalda, mientras los hilos de plata de su barba brillaban a contraluz.
-18 cumplí esta semana señor.- casi podría decirse que se vio cómo su cuerpo se escogía con el impacto de la noticia, el rozaba los 45 años pero se veía como aparentaba un hombre de 30.
-Eso explica muchas cosas.-  reflexionó,  extendiendo su mano y sujetandole su cabello sucio y húmedo. -advirtió- Mañana morirán 4 más, y así será hasta que aceptes mi propuesta. Hasta mañana.- dice cerrando de nuevo la puerta ante su negativa.
En el lugar queda un silencio amargo, pero ella a la mañana siguiente volverá a decir: No

jueves, 22 de septiembre de 2016

Laura.

Como cada año en el aniversario de la muerte de Marta, la abuela de Laura. Toda la familia, desde el hijo mayor al último tataranieto. Se reúnen en una almuerzo en la casa grande, le dicen así porque no se le podía llamar de otra forma a la casa de la Abuela Marta, estaba compuesta por 9 habitaciones en la planta alta porque  ella consideraba que sus hijos necesitaban privacidad, además poseía tres baños en distintos extremos de la casa ,la habitación matrimonial, un comedor extenso, la cocina que siempre olía a comida casera y en la entrada una galería llena de plantas, que había perdido mucho de su encanto desde que Marta murió.
Laura,odiaba esas reuniones, pero adoraba a su abuela así que no podía dejar de asistir.
No tardaron en caerles las mismas preguntas incómodas de siempre, sobre su estado civil, “ ¿y el novio?”” Mira  que te vas a quedar para vestir Santos nena ” “ Treinta y dos años y soltera?” “ los hombres no saben que lo se pierden”
Laura, ya tiene una rutina para esas circunstancias, devuelve una sonrisa llena de compromiso y responde“nahh mejor sola que mal acompañada” como en cada cada evento familiar.
Después de un rato sale a la galería huyendo del ruido típico de esas reuniones.
“Como si fuera fácil relacionarse con la gente, socializar,gustarle al otro que ese otro te guste, y además de todo eso tener que lidiar con el mundo.” Piensa mientras abre un porrón de cerveza.
En silencio, observa a través de la ventana a los chicos correr dentro de la casa, las tías reírse mientras conversan, a las primas a los gritos preguntando “ ¿A QUIEN LE FALTA PLATO?” y sonríe pensando en que la Abuela Marta, le hubiese encantado esta reunión.
Se aleja un poco para evitar que la vean, se sienta en la mecedora, esa que era la favorita de Marta y coloca los pies sobre el barandal de madera que rodea la galería. Marta la hubiese odiado, pero ya no estaba acá para reprocharle así que a Laura le importa poco. Mientras toma otro trago de cerveza puede ver como una pareja discute en la vereda de enfrente.
Laura, una vez tuvo un novio, Martín. Se enamoró tanto de Martín que cuando él le dijo que no sentía lo mismo, su mundo se vino abajo.
Ella se inventó una excusa para convencerse de que Martín alguna vez la quiso, le hizo creer a todo el mundo que él la había dejado por otra, una tal Georgina, una rubia con las tetas hechas que solo buscaba cogerse músicos. Lo cierto es que si Laura hacía un recuento de escenas a través de la relación confirmaba que, Martín, nunca la amó.
“ ¿y el novio?” “¿ Te casaste?” “ Qué bueno nena, estudia. No te cases nunca”
Marta jamás la hubiese incomodado con esos comentarios, ni la hubiese hecho sentir que estaba mal sufrir por la partida de Martín o por lo difícil que le resulta relacionarse con la gente. Incluso, ella misma le hubiese abierto esa cerveza y la hubiese acompañado, después de espantar a  la mamá de Laura y a sus tías para que dejen de presionar.
Pero la reunión seguía ahí y la abuela no.
“Si no salís, no vas a conseguir novio nunca.”
Laura, vuelve a entrar a la casa y evitando a la familia va directo a la cocina, saca de la heladera otro porrón de cerveza  y la destapa para luego sentarse sobre la mesada.
Desde el comedor,se escucha la voz del Tío Eduardo contando otra vez la anécdota de los travestis borrachos en su época de taxista y en el patio a los más chicos jugando a la mancha y a las escondidas.
“ Los hombres son todos putos ahora, no se fijan en las chicas como vos, con lo linda que sos”


Mientras juega con la tapa de la cerveza, Laura nota las marcas de cuchillo sobre la mesa de roble en medio de la cocina, y casi puede ver a Marta haciendo sus ñoquis caseros en ella.
Sus ojos negros brillantes, se ponen vidriosos y luego de un trago largo lanza un suspiro extenso, lleno de amargura mientras murmura.
-Ay, abuela. Ojalá estuvieses acá para poder contarte que estoy enamorada… De un hombre casado.

miércoles, 27 de julio de 2016

Rendición

Se tiró al piso agotada de tanto correr. Sobre ella el cielo se extendía infinito y gris. No faltaban aquellos pájaros carroñeros dando vueltas, esperando a que se rinda. Lo cierto es que ya no sentía deseos de seguir luchando.

Todo lo que amaba, todo lo que le quedaba había sucumbido ante los hombres. Hombres sin alma, deseosos de satisfacer su ego, sus necesidades, sin importar el daño que causaban con su paso.

Claro que hubiese preferido que fuera algo más, algo como aquellos seres con los ojos vacíos que caminaban muertos y sin rumbo.

Al menos ellos no eran conscientes de sus actos, pues su única motivación era aquel instinto, el más primitivo de todos: buscar algo con qué alimentarse.

Mientras presionaba aquella herida sangrante en su vientre pensaba en dos cosas: continuar sin importar el dolor de sus heridas, algo que ya conocía o quedarse en aquel lugar esperando que la muerte se la lleve.

Teniendo en cuenta lo difícil que se había vuelto vivir o confiar, la segunda idea no le pareció tan descabellada.

Sintió cómo su cuerpo comenzó a adormecerse, como comenzó a dificultarse su respiración y hasta la forma en que su corazón dejaba de latir y por primera vez no hubo dolor, ni miedo, ni hambre o desesperación. Por primera vez sintió paz.


martes, 26 de abril de 2016

Hambruna

Ginebra revisa su brújula para orientarse, lejos quedaron los días en que los gps dominaban el destino del hombre o al menos eso es lo que Ginebra recuerda de las historias que su padre le contó sobre su vida antes del zapallo. Observa el cielo en el que el sol, apenas se vislumbra  y encogiéndose de hombros se adentra en el bosque en busca de algún posible alimento. Se sabe que debido al crecimiento masivo del gran zapallos es mucho más difícil encontrar una presa decente, pues este, absorbe todo con sus raíces.
No muy lejos, entre un grupo de árboles. puede ver lo que al principio es sólo una forma negra recortada contra lo que parece un enorme manta blanca , la examina desde cierta distancia. -Demasiado pequeño para ser una persona, a menos que..  Si,eso podría ser.- Murmura Ginebra  mirando a su alrededor. Se acerca un poco más se sienta, estudia la cosa, y espera a ver algún movimiento.
De lo que aprendió de su padre, recuerda como alguna vez le prohibió acercarse a un animal herido, pues esto lo pone nervioso y muy probable que termine atacando con más fuerza de lo habitual. Eso, Ginebra lo aprendió  a los 13 años y de la forma difícil y las cicatrices en su mano derecha se lo recuerda constantemente.
En ese entonces el zapallo aún no había llegado a su pueblo.
Se sienta a su lado, se echa hacia atrás un poco, apoyándose en las manos.
Se trata de un hombre enterrado hay algo en la manera en que tiene puestas las piernas, con una de las rodillas levantada hasta la parte inferior de la espalda, que parece indicar que tiene la espalda rota,de su garganta salen unos sonidos apagados, gruñidos diversos emitidos con esfuerzo parece un juguete estropeado que ha quedado enganchado en una repetición mecánica, incapaz de funcionar bien.
-Ah, pensé que eras otra cosa.- Dice ella en voz alta.
Observa que le falta la totalidad de la mandíbula, junto con uno de los ojos. La cara está
ennegrecida, ampollada, rasgada. En el pómulo, un trozo de piel se ha corrido hacia atrás
el espacio donde estaba el ojo es ahora una blanda viscosidad mezclada con sangre, como huevos revueltos con salsa de tomate. Ginebra mueve los dedos hacia delante y hacia atrás en frente del único ojo que le queda y el ojo gira en la cuenca tratando de seguir el movimiento pero incapaz de enfocar
Retira la mano de su rostro y se sienta, sin dejar de observar. Él consigue volver la cabeza hacia ella sin dejar de retorcerse no está del todo muerto, pero al estar atrapado por la raíz del zapallo su vida se va consumiendo lentamente.
-Deja de pelear contra vos mismo - dice ella-. Tenes la espalda rota. No vas a ir a ninguna parte. Esto no es más que el fin de tus días.- Suspira y levanta la vista está rodeada por un bosque espeso delante y por la inmensidad del zapallo a sus espaldas. -¿Cómo quedaste atrapado acá? -le pregunta- Ya sé, venias a ver el zapallo. Desde mis cuatro años vengo viendo a la gente y su curiosidad por el gran zapallo. Puede que no estés muy interesado en los milagros. Pero aun así quizá te alegraría ver uno, aunque no te lo merezcas.Todos, incluso los malos, estamos en deuda con la belleza del mundo y aunque ese zapallo viene creciendo y consumiendo todo desde que tengo memoria y no es mucha, pues apenas tengo 19 años rs un enorme milagro- Lanza un suspiro hondo y prolongado.
Entonces se va caminando hacia un grupo de árboles que hay más arriba  y busca entre las hierbas, pisando por todas partes hasta que encuentra lo que busca. Se trata de una piedra grande, más grande que una pelota de fútbol. Le cuesta media hora cavar a su alrededor con un palo para arrancarla de la tierra: a la naturaleza no le gusta que le anden cambiando las cosas de sitio.
Regresa con paciencia y levantando la piedra por encima de la cabeza de él y la deja caer contra su cara, produciendo un fuerte y húmedo crujido. Los brazos se le siguen moviendo, pero ella sabe que eso ocurre a veces durante un rato.
-Al menos sirvió para distraerme del hambre.- dice ella acariciando su vientre contraído que se hace oír con borborigmos típicos de un estómago hambriento.
Ginebra observa el cielo y entiende que si no se mueve pronto todo sera completamente naranja a su rededor.
El sol la despabila la mañana siguiente. mira a sus espaldas y puede ver como el zapallo está ubicado a unos 100 metros de ella.
-Uh… Me dormí más de un día .- murmura y vuelve una vez más al camino tomando distancia suficiente como para que el zapallo no la alcance al menos por otras 48 hs.
Ginebra no sabe cuánto más va a caminar o si algún día va a llegar a algún lado, solo sabe que mientras pueda evitará que se la trague aquel zapallo.

viernes, 5 de febrero de 2016

Sin promesas.

Tardaron un par de días en retomar la comunicación habitual, la seducción virtual. Algo había pasado. Sabían haber cruzado una barrera prohibida, saltado del puente sin la seguridad del bungee. No habían esperado lo que encontraron en el fondo del acantilado. Volvieron a hablar, de a poco; se lo dijeron, tímidamente. Luego lo analizaron en frío como quien disecciona un cadáver. Noches después, volvió la fiebre. Én la calentura del toma y daca virtual, él propuso un nuevo encuentro. Misma esquina, mismo hotel. Repetir para aminorar la excitación. Esta vez, más relajados (sabían a qué se enfrentaban) no esperaron a llegar a la habitación. En la cochera del hotel, en el auto, ella manoteó su sexo y le bajó la bragueta. Su boca no se hizo esperar. Tampoco los dedos de él en su entrepierna. Ella se atragantó a propósito. Él hurgó en su vagina, rápidamente húmeda, sus dedos se deslizaron como si nada. Ella siguió atrapando su verga con esa boca que él había extrañado. La incomodidad los detuvo. Subieron a las corridas a la habitación. Se desnudaron lentamente mientras se besaban. Esta vez fue más pausado, más disfrutado, los labios querían saborear. Otra vez hicieron lo que se habían dicho. Él pidió acostarse y que ella lo ahogue con su entrepierna. Accedió. Se frotó rítmicamente, con fuerza, contra su lengua, mientras le acariciaba el pelo. Él había extrañado el sabor de su flujo. La recorrió con la lengua mientras ella se balanceaba. Ella se estremeció y comenzó a reírse. Fue una señal. Se incorporaron; ella se puso en cuatro. Cuando él arremetió por detrás, recordaron todo lo que habían hablado. “Quiero tu pija” había dicho ella. Él empujó con fuerza. Le agarró del pelo, le dio algunos chirlos en las nalgas, le pidió que le pidiera cogerla. Estuvieron un buen rato así. Él seguía y seguía bombeando, hablando, pero sin acabar. Cambiaron de posición. Él la acostó y le abrió las piernas, y por detrás, hundió de lleno su cara en la entrepierna de ella, que gimió de placer. Arriba, abajo, lengua, chupón, mordisco. Después de un rato, se agotaron y cayeron rendidos. Algo pasaba. Se quedaron tendidos. Apenas rozándose. Ella intentó calmarlo. “No te frustres”. Charlaron. Habían estado pensando mucho desde la última vez. Se lo dijeron. Se rieron de la situación y de sí mismos. Recordaron las noches online; no pudieron reconstruir cómo habían pasado de la charla amable a la autosatisfacción remota, las fotos, los audios, las fantasías explicitadas en texto. Se volvieron a besar. Las manos buscaron los sexos. Ella rápidamente volvió a tragarse su pene erecto. Lo escupió y bajó hasta atragantarse. Él la miraba con satisfacción. Después la puso de espaldas, la tomó de los tobillos y le abrió las piernas en el aire. Con el pene erecto le golpeteó él clítoris, le frotó los labios, metía y sacaba la punta. “Metémela, por favor”, dijo ella. Él no se hizo esperar. Entró tan profundo que ella abrió muy grandes los ojos, mientras sonreía. Él bombeó con fuerza mientras ella se reía. “Cogeme, cogeme fuerte, así putito”, gritó. Él bombeaba. La cara de ella, los ojos abiertos, la boca desencajada. Nunca habían llegado a ese punto de excitación. El comenzó a chuparle los dedos del pie. Ella se estremeció, él sintió como la vulva se contraía y aflojaba mientras seguía arremetiendo. Se desparramó en la cama. “No puedo acabar” dijo él. Otra vez la sombra. “Acabame en la boca” pidió ella. Él se acostó y ella se acercó por debajo, apoyó sus tetas entre las piernas de él. Le tomó el pene y comenzó a masturbarlo, sin dejar de mirarlo con sus ojos negros. Su lengua acarició el glande. Ella le hablaba mientras lamía, besaba, chupaba. Sin previo aviso se metió todo el pene en la boca, y comenzó a subir y bajar enérgicamente la cabeza. “Voy a acabar” dijo él. Ella alzó la vista. Siguió cabeceando. Sintió como el semen se desparramaba en su boca. Él ahogó un gemido y se rió a carcajadas, mientras sus caderas se estremecían. Ella tragó y subió para besarlo. Las lenguas se trenzaron en un último baile. Quedaron desparramados en la cama por unos minutos. Se acariciaron las espaldas. “Tengo sed”, dijo ella. Él fue a buscar agua. Charlaron un rato más, sobre cosas intrascendentes. Agotados, acalambrados, lograron incorporarse, vestirse y llegar al auto. Él la llevó hasta la parada de ómnibus. Se dieron un último beso y no se prometieron nada, salvo volver a hablar pronto.



Él.

lunes, 25 de enero de 2016

Una próxima vez.

Ella no sabe cómo empezó todo, solo sabe que una fuerza desconocida la arrastró hasta aquel lugar, espera impaciente bajo el techo de la parada del colectivo porque casualmente la lluvia empezó a caer, lleva puesto un jean, una remera negra con el logo de Rolling stones, su campera favorita y sandalia en los pies que dejan ver sus uñas cuidadosamente arregladas para ese momento que sin entender bien porqué, espera.
Levanta la vista como buscando a alguien y entonces escucha sonar el celular.
“Estoy en frente en el auto blanco.” dice el mensaje.  Ella puede percibir cómo el flujo de su sangre pulsa en cada terminación nerviosa de su cuerpo por la tensión, respira profundo, y siente el estómago revuelto por los nervios. Apenas levanta la vista puede ver cruzando la calle aquel auto estacionado donde la espera él.
-Hola.- Dice él con voz suave y una sonrisa nerviosa. Habían estado esperando ese momento y sus labios se unen ansiosos, aún no saben si tocarse parecen no creer que son reales. Rápido se dirigen al  hotel más próximo, alquilan una habitación y consiguen esa tan ansiada intimidad, intimidad que desde hace meses deseaban.
El se acerca, la besa, la acaricia. Ella siente cómo su corazón late con intensidad.
Acerca lentamente sus labios entreabiertos a los de él, y lo besa con una emoción y una devoción infinitas. Siente su labio inferior –dócil y carnoso – su labio superior – más fino y delicado – lo está conociendo de a poco.
Sus manos se instalan en el hueco del  cuello de ella, inclinando ligeramente su cabeza con el fin de profundizar aún más este contacto. Su lengua ávida se une a la de ella, se enrolla y se suelta lánguidamente. Ella va  sintiendo un suave calor invadiendo su cuerpo. Su respiración se acelera, su aliento recorre su piel que se ha vuelto muy sensible, no cree haber experimentado antes un beso así, tan dulce, tan apasionado, tan ardiente.
Ella cierra los ojos para después entreabrirlos de vez en cuando, abandonándose en este estado de trance en el cual, él, acaba de sumergirla. Él le quita la remera, desabrocha su jean botón por botón, poseyendo con la boca cada centímetro cuadrado de su piel. Con una mano desabrocha su corpiño, liberando sus pechos y  pezones erectos. Sus labios hambrientos los aspiran, mordisqueándolos ligeramente. Jadea, se sofoca, su pantalón cae al suelo, seguida por su ropa interior dejando todo su cuerpo desnudo.
Con un gesto dominante, la pone de espaldas a él y sin dudarlo abre sus nalgas e introduce su lengua desesperado, la lame, la besa, la saborea.

Ella ignora si la devora durante sólo unos segundos o una eternidad. Su lengua se pasea, cosquilleando rápidamente su clítoris antes de escaparse  y regresar
Sus manos la rozan, la acarician, la masajean el cuello, las tetas, la cadera, los muslos.
En un brusco movimiento la obliga a sentarse en su cara y la penetra con su lengua, los primeros gemidos ardientes escapan  y separa las piernas un poco más para permitirle entrar más profundamente. Desde la perspectiva de ella puede ver su cabello rizado y sedoso que le hace cosquillas al pasar ella se rie con una voz que no le pertenece.
Con un gesto hábil la coloca sobre la cama boca abajo y con su sexo completamente expuesto, el no resiste introducir sus dedos en la humedad de ella, y se aprovecha de ello para masturbarla con su erección por un momento.
-¿Qué te dije que tenías que hacer?- Murmura con un tono lleno de excitación, ella gime sin responder y una vez más el insiste.- ¿Qué te dije que tenías que hacer?-
Entonces ella responde acudiendo a su memoria de aquellas noches que  dedicó a tocarse con sus palabras.
-Pedirte que me cojas…- Murmurá.
-Repetimelo.
-Cogeme, por favor, cogeme.-  Resopla ella más caliente que nunca y es entonces cuando lo siente por fin, él está dentro. Al principio le resulta incómodo y hasta doloroso, se siente casi una virgen en su primera vez, sin embargo a medida que el la penetra siente como por fin todo está en su lugar, su virilidad se endurece, deslizándose cada vez más rápido, más fuerte.
En una décima de segundo, se encuentra sobre ella, que cede ante sus besos apasionados. Sus lenguas chocan con violencia, sus manos se aferran con fuerza, agarran sus piernas para colocarlas sobre sus hombros. Después, sin advertencia, se hunde en lo más profundo de ella que está empapada. Grita otra vez, sorprendida por esta intrusión, luego gime ruidosamente sintiendo su sexo salir para entrar nuevamente. Una vez, dos veces, tres veces…
Él está por todos lados. Sus puñaladas son intensas y ardientes. No lo puede ver, pero adivina las expresiones que deben dibujarse en su rostro. De repente, con un gruñido sordo,se extrae de ella y lo voltea como si fuera una simple hoja de papel. No puede evitar reír sabiendo lo que le espera. Él Coloca sus manos bajo el  vientre de ella para levantar ligeramente sus nalgas, y su virilidad  la penetra de nuevo. El ritmo se acelera, se aferra a las sábanas, mientras que él le destroza la cadera.
Escucha su vientre golpeando contra sus nalgas, y ese ruido tan particular la excita más de lo que se hubiera imaginado y una vez más acaba.
Él la vuelve a girar dejándola expuesta debajo suyo.
-Chupamela- exige dominante a lo que ella cede gustosa por largo rato dedicándose a besarlo, lamerlo, masturbarlo hasta atragantarse.
Un exquisito calor aumenta en el, crescendo, sus miembros se tensan, pierde el hilo, su espíritu se evade y… se sumerge brutalmente con cada una de las partículas de su cuerpo bajo fuego, arrancándome un grito de placer intenso, inesperado.
El se une a ella  y después de unas cuantas puñaladas más, con su cuerpo vibrante en ella, aferrándose  y  sin aliento derrumbándose acaba.
Se dan tiernos besos en la boca, se miran con una sonrisa pícara en los labios y el rostro enrojecido por el calor, Él  la observa dulcemente,  acariciándole la espalda, los hombros, el rostro a ella.
-¿Cómo te sentís?..- Pregunta ella.
-Raro…- Responde él mirando el techo.- Es mejor de lo esperado. Ella sonríe satisfecha y siente que todas sus inseguridades desaparecen.
Por alguna extraña razón terminan teniendo una charla más profunda, entre risas y bromas, a ella le queda grabada en la mente “ Vos sos buena, las personas buenas sufren más porque todo es más duro para ellas”
Ella piensa “No soy buena, si lo fuera no estaría en este momento, en este lugar.” Pero no siente culpa por esto y lo sigue escuchando en silencio.
Un rato después ambos se visten, él se acerca a ella por detrás besándole el cuello y tocándole un pecho. Ella sonríe terminando de vestirse.
-¿Me ayudás a ponerme las sandalias?- Pregunta vergonzosa a lo que él accede caballerosamente y con delicadeza se las coloca.  Ella se pone de pie y él la toma suavemente de las caderas besando por encima de la ropa su abdomen, sus pecho, su cuello y finalmente su boca, por unos segundos se quedan en silencio, ella lo besa en la frente.  El se pone de pie bruscamente al ritmo de
-Bueno, vamos.- Suben al auto, toman la ruta y se despiden con la esperanza de que haya una próxima última vez.