jueves, 22 de septiembre de 2016

Laura.

Como cada año en el aniversario de la muerte de Marta, la abuela de Laura. Toda la familia, desde el hijo mayor al último tataranieto. Se reúnen en una almuerzo en la casa grande, le dicen así porque no se le podía llamar de otra forma a la casa de la Abuela Marta, estaba compuesta por 9 habitaciones en la planta alta porque  ella consideraba que sus hijos necesitaban privacidad, además poseía tres baños en distintos extremos de la casa ,la habitación matrimonial, un comedor extenso, la cocina que siempre olía a comida casera y en la entrada una galería llena de plantas, que había perdido mucho de su encanto desde que Marta murió.
Laura,odiaba esas reuniones, pero adoraba a su abuela así que no podía dejar de asistir.
No tardaron en caerles las mismas preguntas incómodas de siempre, sobre su estado civil, “ ¿y el novio?”” Mira  que te vas a quedar para vestir Santos nena ” “ Treinta y dos años y soltera?” “ los hombres no saben que lo se pierden”
Laura, ya tiene una rutina para esas circunstancias, devuelve una sonrisa llena de compromiso y responde“nahh mejor sola que mal acompañada” como en cada cada evento familiar.
Después de un rato sale a la galería huyendo del ruido típico de esas reuniones.
“Como si fuera fácil relacionarse con la gente, socializar,gustarle al otro que ese otro te guste, y además de todo eso tener que lidiar con el mundo.” Piensa mientras abre un porrón de cerveza.
En silencio, observa a través de la ventana a los chicos correr dentro de la casa, las tías reírse mientras conversan, a las primas a los gritos preguntando “ ¿A QUIEN LE FALTA PLATO?” y sonríe pensando en que la Abuela Marta, le hubiese encantado esta reunión.
Se aleja un poco para evitar que la vean, se sienta en la mecedora, esa que era la favorita de Marta y coloca los pies sobre el barandal de madera que rodea la galería. Marta la hubiese odiado, pero ya no estaba acá para reprocharle así que a Laura le importa poco. Mientras toma otro trago de cerveza puede ver como una pareja discute en la vereda de enfrente.
Laura, una vez tuvo un novio, Martín. Se enamoró tanto de Martín que cuando él le dijo que no sentía lo mismo, su mundo se vino abajo.
Ella se inventó una excusa para convencerse de que Martín alguna vez la quiso, le hizo creer a todo el mundo que él la había dejado por otra, una tal Georgina, una rubia con las tetas hechas que solo buscaba cogerse músicos. Lo cierto es que si Laura hacía un recuento de escenas a través de la relación confirmaba que, Martín, nunca la amó.
“ ¿y el novio?” “¿ Te casaste?” “ Qué bueno nena, estudia. No te cases nunca”
Marta jamás la hubiese incomodado con esos comentarios, ni la hubiese hecho sentir que estaba mal sufrir por la partida de Martín o por lo difícil que le resulta relacionarse con la gente. Incluso, ella misma le hubiese abierto esa cerveza y la hubiese acompañado, después de espantar a  la mamá de Laura y a sus tías para que dejen de presionar.
Pero la reunión seguía ahí y la abuela no.
“Si no salís, no vas a conseguir novio nunca.”
Laura, vuelve a entrar a la casa y evitando a la familia va directo a la cocina, saca de la heladera otro porrón de cerveza  y la destapa para luego sentarse sobre la mesada.
Desde el comedor,se escucha la voz del Tío Eduardo contando otra vez la anécdota de los travestis borrachos en su época de taxista y en el patio a los más chicos jugando a la mancha y a las escondidas.
“ Los hombres son todos putos ahora, no se fijan en las chicas como vos, con lo linda que sos”


Mientras juega con la tapa de la cerveza, Laura nota las marcas de cuchillo sobre la mesa de roble en medio de la cocina, y casi puede ver a Marta haciendo sus ñoquis caseros en ella.
Sus ojos negros brillantes, se ponen vidriosos y luego de un trago largo lanza un suspiro extenso, lleno de amargura mientras murmura.
-Ay, abuela. Ojalá estuvieses acá para poder contarte que estoy enamorada… De un hombre casado.